Cuando en la primera reunión con nuestra doula le planteamos que deseábamos un parto en casa nos indicó que no cerráramos puertas y que nos preparáramos para cualquier posibilidad, incluida la de un parto hospitalario. A lo largo de la preparación del parto, algunas posibilidades se nos fueron cerrando y finalmente solo podíamos optar entre parto en casa y parto hospitalario.
Tras dos entrevistas con ginecólogos del hospital teníamos claro que el parto en hospital sería todo lo contrario a un parto respetado, pero a pesar de esto seguimos preparando el parto sin cerrar puertas.
Los ginecólogos del hospital nos informaron de que un parto gemelar tendría lugar en quirófano y que “tu marido no va a poder entrar, porque se monta mucho circo, ya somos dos gines, dos enfermeras, dos auxiliares, dos pediatras”; por otra parte, no existían antecedentes de un parto gemelar sin epidural ni oxitocina sintética, por lo que no se iban a atrever. Además insistían en la necesidad de programar el parto, así “de esa forma podemos programar un quirófano y al personal” y debido a que el número de partos gemelares era bajo, tenían miedo. MIEDO.